La Cultura del Despilfarro

Por: Mario Matamoros (HON)
Arquitecto y Escritor 

 

La demanda siempre es más, en cualquier producto, en cualquier ámbito, en cualquier esencia; siempre se necesita más. Pero qué hacer si todos queremos tener dos, tres o cuatro hijos cuando nos casemos, qué hacer cuando todos queremos tener más de un carro, una moto, un lugar de parqueo, más computadoras, más aparatos eléctricos, más juguetes, más televisores, más comida, más casas, más dinero, más, más, más. La respuesta siempre es más; el tráfico siempre es mayor, el consumo siempre es más de lo que en realidad se produce. La contaminación siempre es mayor y el planeta aguanta cada día menos. ¿Qué hacer cuando solo se quiere más? ¿Qué hacer cuando todo es crisis a pesar de que los números sean positivos? ¿Qué hacer cuando ya no caben más- más en el planeta?

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 Ninguna de las tres preguntas realmente importa puesto a que  vivimos en un océano de egoísmo y consumismo al punto tal que nadie ve más allá de sus narices.  Todo, absolutamente todo es desechable. Las necesidades aumentan y los recursos escasean. El agua y el espacio es cada vez menos y la población es cada vez mayor. ¿A quién le importa?, ¡Yo quiero tener más de un niño porque uno solo se aburriría mucho! Que importa si millones de niños se quedan sin comida y sin hogar, millones se quedan sin educación, sin acceso a derechos básicos, a vivir dignamente, porque los pocos recursos se mal distribuyen, el hábitat es cada vez menor y la producción de bienes necesarios para la vida es insuficiente. Huimos de la realidad más importante de nuestros días: la escasez de recursos.

Todo se pinta de números rojos, pero nosotros lo queremos tener todo, sin importar si somos  productivos o no. Pretendemos bañarnos en abundancia y pasamos metidos en huelgas, manifestaciones y todo tipo de excusa para no acudir al trabajo. Desperdiciamos el recurso, la energía, la creatividad, la paz y la humanidad con tal de conseguir lo que queremos; Al fin y al cabo, el fin justifica los medios, incluso si mis impuestos terminan en  la billetera de un revolucionario  que no tiene mayor intención que la de jubilarse a temprana edad y disfrutar de los logros socialistas de su “trabajo”, o al expansionismo de los ejércitos deshumanizados de un imperialista con hambre de más.

 ¿De qué importa la ecología y el ahorro si todo lo queremos hacer dentro de un automóvil demasiado grande para nuestras incipientes y minúsculas calles y demasiado costoso para nuestra economía informal e inestable. ¿Qué importancia tiene todo esto si no estamos dispuestos a abandonar el interés personal por un interés más colectivo, mas consciente? Hablamos de crisis pero nadie sugiere ahorro, sacrificio, trabajar más, ser más productivos y eficientes; ser más consecuentes con la sociedad y con el mundo.
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 Quien no quisiera un plato más grande, del cual se comiera solo la mitad, y el resto lo tiraría a la basura, cuando 170 millones de latinoamericanos matarían por un bocado. ¿Dónde quedo nuestra solidaridad, nuestra humanidad?
 Lo único verdaderamente triste es que existimos en un planeta donde cada quien vive en su propio mundo.

 

*El Autor es Arquitecto,pensador y escritor.
**Compartido desde www.nicablogger.com  

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