¿Continuará el modelo chavista?

Dr. Alvaro Taboada (NIC)
Diplomático y Catedrático

Desaparecido el presidente Chávez, la perdurabilidad en Venezuela del llamado socialismo del siglo XXI enfrentará nuevos y difíciles retos. Despedido el duelo, emergerá el vacío doctrinal, la ausencia de una guía conceptual clara para las metas del socialismo chavista, que  nunca construyó un corpus ideológico iluminador: La vieja retórica antimperialista y otros simplismos son insuficientes como guías constructivas. La discrepancia entre las realidades y la  retórica  del líder fallecido tampoco ayudaron a crear una armazón doctrinaria sólida. Su proyecto pareciera cimentado fundamentalmente en su  magnetismo personal (cualidad intransferible), cautivador de grandes sectores venezolanos y extranjeros.

Las discrepancias mencionadas son evidentes en muchos aspectos:  Chávez idealizó a la calcificada dictadura castrista, pero permitió (o no pudo cambiar) en Venezuela la política multipartidista, todavía relativamente abierta, con un sistema electoral mucho más decente que el de países como Nicaragua, sin que ello borre hechos como el creciente amordazamiento de los comunicadores independientes, ni el  abuso de los recursos estatales durante las contiendas electorales venezolanas, ni la sujeción judicial a la voluntad presidencial.

Adicionalmente, atacó al capitalismo y expropió a placer, pero en Venezuela todavía existen numerosas  grandes empresas, realidad lejana del jurásico modelo cubano que le fascinaba.  Aunque Chávez maldecía al mercado global y “al imperio” este siempre fue su gran socio comercial, su mayor comprador de petróleo, que representa 96 por ciento del ingreso venezolano. Por si fuera poco, Estados Unidos vendió en 2012 a Venezuela más de 31 millones de barriles de petróleo y derivados, mientras lo vendido en 1998 fue de apenas 6.5 millones.  La  realidad de la interdependencia norteamericano-venezolana se impuso sobre la retórica febril.

Bajo Chávez la economía venezolana resultó un ejemplo de oportunidades perdidas: Gozó de ingresos de cientos de miles de millones de dólares durante sus 14 años de gobierno. Pero Venezuela no avanzó en el escalafón del desarrollo. Ciertamente tuvo el mérito (y la astucia) de preocuparse por los sectores pobres, abandonados por regímenes democráticos corruptos. Los avances en atención médica y los esfuerzos en educación (lamentablemente adulterados por una alienante indoctrinación) fueron pasos positivos. Pero su orientación clientelista y sus  afanes internacionales dilapidaron recursos inmensos.  Como consecuencia, las tendencias son preocupantes. Ciertamente, varios indicadores económicos son relativamente favorables (por ejemplo, el endeudamiento público venezolano era 45.5 por ciento del PIB en 2011, cifra baja comparada con el promedio de la Unión Europea (82.4 por ciento), pero a la vez pocos países del planeta dependen tanto de un solo producto como Venezuela, cuya producción  petrolera decreció 13 por ciento en los últimos 10 años.  Bajo Chávez las reservas petroleras descubiertas por empresas norteamericanas, chinas, rusas, etc., se cuadruplicaron: son las mayores del mundo con 513,000 millones de barriles. Pero la industria petrolera, urgida por renovarse,  requiere más de 230,000 millones en un entorno político-legal impredecible y arbitrario, que espanta a las firmas dedicadas a la explotación petrolera.

Queda pues,  como tarea para individuos sin el carisma de Chávez, e impreparados  como Maduro, revisar los aspectos no democráticos y los temas de política exterior innecesariamente confrontativos,  o profundizar los elementos dictatoriales del régimen, endurecer la política externa y las alianzas peligrosas como pantalla de humo ante crecientes problemas internos que se avecinan. En todo caso, será complicado continuar la ruta chavista: No hay herencia doctrinal sólida (situación peligrosa para la cohesión del PSUV, el partido chavista); no hay un sucesor carismático; posiblemente habrá recortes al clientelista programa de subsidios  chavista. Preservar este modelo será difícil.

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El autor es Doctor (PhD) en Estudios Internacionales.
*Articulo publicado en www.laprensa.com.ni 

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